
Un arma de doble filo
donde te vuelves cómplice
y un grito centrifuga
el llamado de un adiós infinito
Tanta saliva degastada
en estampillas sin retorno,
tanto mar salado que nació
de una mirada fija.
Manos que hallaron cicatrices
nuevas y un péndulo detenido
en medio de la penumbra.
Una almohada abollada,
aún cálida, revela que una
pesadilla insoportable dejó
perdurar el desvelo.
Una carta a medio escribir
descifrando que cada esquina
de una mentira rodeaban una
verdad imposiblemente absoluta.
Permanecí en una cápsula hermética
sin poder gritar
sin poder escribir
sin poder llorar.
Donde supe que
una distancia
se afincaba.
Mi único testigo, un amuleto
guindado en mi pecho desnudo.
Todavía oigo el ayer que dejó tantos
vacíos implacables.
No arruines mi momento
te hago saber que soy fuerte
para así dejar que
el tiempo corra sin culpas.
Ya no seré víctima, seré tú.
Se siente como se derrite aquel
iceberg de sentimientos
cada infinidad de ofensas
que penetraron en mis cienes
y no asimilaron que eran falsos.
No soy la única extraña,
no soy la ideal, pero
Soy imperfectamente perfecta.