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Amélie Poulain. Comptine d'un autre été, Yann Tiersen.

abril 26, 2008

Un Cadáver Sonriente


Sirve la copa de vino

Celebra por el final que se cumplió en Nunca jamás

Mece tu silla mientras me arrullas en tus arcos

Ilumina de nuevo la luna una vez más

Dime las historias que atravesaron por tus ventanas

Cierra mis ojos y contaré hasta diez

Hasta soñar con ese momento

Que jugaste a la ruleta rusa con aquel juguete mortal

Y luego envenenaste el vino de tu rival.

Un paraíso enfermo construiste con un río

Que nos dividía a los dos.

Tiempo, solo el tiempo me dio respuestas

Y el primer final solo me lo diste tú

Siempre seremos, nunca seré

Seré prisionera de la oscuridad

Llamando a la sombra de las sonrisas,

Para que compartan mentiras y falsas condenas.

Por siempre seguiré soñando con ser libre

Libre de tus riendas

Libre de tus palabras

Si tus labios cadavéricos me sueltan

Los remordimientos que conjura tu alma

¿Qué cambia? ¿Un pasado paradójico sin regreso?

Vil hombre solías ser al momento de fulminar

Cada olvido que a mi mente atacaba

Una soga que recubre mi cuello de vidrio

Esperando que tense su cuerpo para acabar

con el presagio que a mis oídos redundan

que una víctima ha sido despojada

de sus apatías

Bailas frente a mi la danza mortal

que te eleva y te delata que quieres morirte.

ya tus dilatadas pupilas dejaron de brillar

donde tus quebradizos brazos no pueden ya cargar

el peso de mis llantos.

Cumpliste tu deseo y yo cumplí con odiarte ahora

¡Ganaste!

Yo te perdí

Intentaré anestesiarme el pecho

Para ser un zombie insensible

Sin camino

Verteré agua tibia en mis sombras

Para calentar mis pies y olvidar

Tus fríos pasos que te llevaron

A la egolatría.

¡Cobarde! No te atreviste a lanzarme al abismo

Y entregarme a mí el maleficio. ¡Egoísta! Te quedaste con él

Ahora mi fe la entrego, se cubre de nada y despega al infinito

A buscar otro cobijo

El sonido de vacío queda impregnado en esta silla

Donde puedo sentir ya el óxido de tu aliento

Que yacen de tus huesos encadenados por un suburbio sueño

Ocasionaste la inauguración de la era sombría.

Mi última caricia de la poca sensibilidad que rastrea mi sentido

Podré gastarla con tu gélido cuerpo

Se acabaron las cartas de nuestro perenne juego

Ya las piezas se plantaron en el cemento

No escuché la advertencia de que esto pasaría…

Coge tus maletas

Descansa en paz, que yo descansaré a tu lado…

abril 03, 2008

La Belleza (La Beaute, Charles Baudelaire.)


Yo soy Bella, oh mortales! como un sueño de piedra,
y mi seno que a todos eternamente torturó,
ha sido creado para inspirar amor a los poetas.

Eterna e incólumne, como la materia.
Incomprendida esfinge, reino en azul;
El níveo corazón junto a la blancura del cisne;
detesto el movimiento que desplaza las líneas.

Yo jamás lloré, como tampoco jamás reí.
Los poetas, ante mis gestos altivos,
Que recuerdan antiguos monumentos,
consumen sus días en penosa labor.

Que para fascinar a estos dóciles amantes
Tengo puros espejos que embellecen las cosas:
Mis ojos, mis dos enormes pozos de eternidad.

Encuentro Nocturno.(Meeting at Night, Robert Browning.)




El mar gris y la extensa tierra negra;
y la dorada media luna flotando bajo,
y las tímidas y asustadas olas que saltan
dormidas en ardientes círculos;
Mientras gano la costa en la ansiosa proa,
que sólo apaga su vigor en la arena fangosa.

Entonces surge una milla de perfumadas playas;
tres campos a la cruz de una granja aparecen;
un golpe en el cristal; un rasguño agudo y rápido,
las chispas azules de una lámpara que se enciende,
y una voz, aún más silenciosa, con sus alegrías y miedos,
que los dos corazones que se agitan en la Noche.

LA DURMIENTE (Edgar Allan Poe)


Era la medianoche, en junio, tibia, bruna.
Yo estaba bajo un rayo de la mística luna,
Que de su blanco disco como un encantamiento
Vertía sobre el valle un vapor soñoliento.
Dormitaba en las tumbas el romero fragante,
Y al lago se inclinaba el lirio agonizante,
Y envueltas en la niebla en el ropaje acuoso,
Las ruinas descansaban en vetusto reposo.
¡Mirad! También el lago semejante al Leteo,
Dormita entre las sombras con lento cabeceo,
Y del sopor consciente despertarse no quiere
Para el mundo que en torno lánguidamente muere

Duerme toda belleza y ved dónde reposa
Irene, dulcemente, en calma deleitosa.
Con la ventana abierta a los cielos serenos,
De claros luminares y de misterios llenos.
¡Oh, mi gentil señora, ¿no te asalta el espanto?
¿Por qué está tu ventana, así, en la noche abierta?
Los aires juguetones desde el bosque frondoso,
Risueños y lascivos en tropel rumoroso
Inundan tu aposento y agitan la cortina
Del lecho en que tu hermosa cabeza se reclina,
Sobre los bellos ojos de copiosas pestañas,
Tras los que el alma duerme en regiones extrañas,
Como fantasmas tétricos, por el sueño y los muros
Se deslizan las sombras de perfiles oscuros.

Oh, mi gentil señora, ¿no te asalta el espanto?
¿Cuál es, di, de tu ensueño el poderoso encanto?
Debes de haber venido de los lejanos mares
A este jardín hermoso de troncos seculares.
Extraños son, mujer, tu palidez, tu traje,
Y de tus largas trenzas el flotante homenaje;
Pero aún es más extraño el silencio solemne
En que envuelves tu sueño misterioso y perenne.
La dama gentil duerme. ¡Que duerman para el mundo!
Todo lo que es eterno tiene que ser profundo.
El cielo lo ha amparado bajo su dulce manto,
Trocando este aposento por otro que es más santo,
Y por otro más triste, el lecho en que reposa.

Yo le ruego al Señor, que con mano piadosa,
La deje descansar con sueño no turbado,
Mientras que los difuntos desfilan por su lado.
Ella duerme, amor mío. ¡Oh!, mi alma le desea
Que así como es eterno, profundo el sueño sea;
Que los viles gusanos se arrastren suavemente
En torno de sus manos y en torno de su frente;
Que en la lejana selva, sombría y centenaria,
Le alcen una alta tumba tranquila y solitaria
Donde flotan al viento, altivos y triunfales,
De su ilustre familia los paños funerales;
Una lejana tumba, a cuya puerta fuerte
Piedras tiró, de niña, sin temor a la muerte,
Y a cuyo duro bronce no arrancará más sones,
Ni los fúnebres ecos de tan tristes mansiones
¡Qué triste imaginarse pobre hija del pecado.
Que el sonido fatídico a la puerta arrancado,
Y que quizá con gozo resonara en tu oído,
de la muerte terrífica era el triste gemido!

Hablando con la nada


Este oscuro momento cautivado por mi pensamiento, se vierten los recuerdos… recuerdos llenos de nada, que tuvieron relevancia y ahora son enterrados por el olvido…

Tu rostro me intimida

¿Qué amarga tu presencia?

Ya no hay nada por hacer

Perdí cada segundo inclemente, y ya no puedo remendarlo.

Vacié todas mis plegarias en un pozo infinito de falsedad.

Enfundo mis penas con cólera

¿De qué me acusas?

Si condené mi existencia encadenándola al futuro despiadado y sorpresivo.

Aquí dejo escrito mi plectro gris que mancho con líquido espeso que dejo salir por causa de un silencio amenazante.

¡Vocifera que te vas!

No me atormentes

¡No soy tu esclava!

¿Cómo busco mi muerte radical?

No la busco, la tengo ante mí, no la alcanzo o no la deseo.

Saboreo mis tristezas imperecederas.

Un llanto fulminante que atestigua mi propia desgracia

Se torna claroscuro, todo a medias.

Sobrevivo enamorada de una fantasía que se aleja cada vez más de la realidad.

Rodeada de impuros sentimientos, promesas de cristal, fáciles de romper.

Con un corazón fragmentado, crédula de palabras que perciben mis oídos.

Como sueles decirme que la constitución de las letras de mi nombre.

Angel

Neutral

De

Recios

Encantos

Atrayentes

Cuando yo diría

Amante

Necio

De

Rudos

Enigmas

Anormales

Y aquí estoy, conversando contigo… la manera en que me miras… cual amenaza intensa que penetra mi alma. El beso que me das, labios gélidos con sabor a lejanía, sabor a traición…

Quisiera quedarme, pero ya las palabras que me entierras con el silencio me infunden una despedida… ¿o es simplemente un bienvenida al eterno desconsuelo?

No seguiré aquí, donde mis dedos escriben tu estancia y yo me quedo puramente

Hablando con la nada…

abril 02, 2008

Vana Seducción


Sabor a invierno me despoja totalmente

Estremece mi sentidos uno a uno

Aterrizó en mi instinto sin aquiescencia

Quiero arrancarle la sombra

Sumergir sus deseos en mis pretensiones

Poblar sus miradas con cada fragmento intranquilo de mi ser

Me aferra sin compasión cuando exclama mi nombre

Quiero apartar mis ojos de su presencia

Su toxina penetra, soberbia, perspicaz, pero

Me hiere, su aire es impío.

La dulce tentación de su amarga temple me embauca, me envuelve

Su alma fue extraída del mismo averno

De donde se le impuso excavar mis secretos uno a uno.

Su estructura se aleja de mis deleites

Pero no puedo desprenderme

Un maleficio que ahuyenta mi cercanía

Pero el imán me atrae hacia su sombra espectral

Odio cada renuencia impura que tiene

Pero amo sus afanosos rasgos derrochantes.

Me envuelven sus alas negras

Se ocultan sus crueles infamias con cada fulminante avidez

Es el Dueño de mis ardientes ambiciones

Lleno de castigos mi cuerpo

Lastimo sin piedad mis mejillas

Arrancando de mis lágrimas

Cada excitación prohibida que tuve

Desahogo mis penas aniquilando cada partícula de

Sus rastros

Su ánima es un envío mortal

Que me aprehende

Disecciona mi furia

Lo pierdo más cuando más lo gano

Estoy harta de fantasear

No quiero delirar por él

Quiero arrancarme el alma

Oscurecer mi mente

Pero mi piel pretende que sus

Dedos la cubran

Que sus hálitos las estremezcan

Que sus labios la envenenen

Y que sus dientes la laceren

Por castigo a esa adhesión prohibida

Me convertí en una devota por culpa de una maldita tentación.