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Amélie Poulain. Comptine d'un autre été, Yann Tiersen.

marzo 24, 2012

Luna Subjetiva



Bajo unas sábanas blancas un secreto prohibido

Gotas de sudor confirmaron que un deseo mutuo dejó

de ser misterio

Una respiración súbita coloreó sus mejillas haciendo cómplices a las

manos enemigas de lo que sobra sobre los cuerpos acorralados por el apetito.

Se inunda el suelo de prendas inútiles atestiguando

una guerra en la cama.

Las ganas no se hicieron esperar,

Él se deshacía lo que a su paso sobraba del cuerpo

de la dama, descubriendo cada

parte de su piel.

Ella gritaba con la mirada posesión, él susurraba

petición con sus dedos.

La humedad anunciaba un éxtasis prohibido

Un invasor viril la rodea y la posee concibiendo

descontrol íntimo eterno en un lenguaje casi mudo.

La mezcla de pasión invadió la habitación,

convirtiendo al espejo el único testigo de su derroche.

Teñidas las paredes de rojo deponentes de un juego

de inocentes disfrazados de salvajes, concluyendo un acuerdo que atacaba cada

noche en un estacionamiento, incendiando un auto de ventanas empañadas.

Se intentan mezclar para convertirse en uno solo…

entre movimientos sexuales.

Se detiene el tiempo con las luces apagadas con

ciegos rondando y murmurando el encuentro irreal que encubrió la Luna.

Ausencia de lógica y mucho sentido de dos blancas

pieles víctimas de un encuentro amatorio.

Un día de suerte que sentencia su repetición en un

futuro incierto.

Es la locura culpable de allanar un cuerpo frágil

culminando en una batalla empatada por dos almas con el último aliento…


marzo 05, 2012


 Crónica de ti en un segundo


Al comienzo fuiste un aura incomprensible.

Una desconocida, sí, pero no te sentí de ese modo.

Al paso de las milésimas te volviste una linda compañera de canciones,

de tertulias,

y ¿por qué no? De uno que otro beso mal planificado.

Más o menos al medio segundo la ciudad resultó ser más pequeña que nuestro tiempo.

La marca sigue allí, pero supiste volver a la vida corriente,

dejando despiertos tantos sentimientos que habían estado en coma dentro de mí.

Y aquí estamos, sobre las últimas milésimas de este segundo

y con la mirada puesta en el siguiente.

Para los ciegos de Santa Lucía el teléfono sigue siendo igual de frío, pero el amor no se mide en grados centígrados.

Los besos siguen sabiendo a libertad

y las miradas siguen sonando como un "Aleluya"

Original de D.Z.